



La autogeneración en Colombia está cambiando la manera en que las empresas entienden y gestionan la energía. Lo que antes era un modelo centralizado —donde los usuarios dependían completamente de la red— hoy evoluciona hacia un esquema más flexible, en el que las organizaciones pueden producir su propia electricidad, optimizar su consumo y participar activamente en el sistema energético.
Este cambio no es casual. Está respaldado por la Ley 1715 de 2014, una normativa que abrió la puerta a la integración de energías renovables en el país y sentó las bases para que la autogeneración se convirtiera en una alternativa viable y cada vez más adoptada.
En términos simples, la autogeneración en Colombia permite que una empresa genere energía para su propio consumo, típicamente a partir de soluciones como paneles solares. Sin embargo, su alcance va más allá: si existe un excedente de energía, este puede ser entregado a la red bajo condiciones definidas por el regulador, lo que transforma al usuario en un actor activo del mercado energético.
Este modelo ha tomado fuerza en sectores industriales, comerciales e incluso en el ámbito institucional, donde la necesidad de controlar costos y avanzar en objetivos de sostenibilidad es cada vez más relevante.
El desarrollo de la autogeneración en Colombia no se puede entender sin su marco regulatorio. La Ley 1715 fue diseñada para promover el uso de fuentes no convencionales de energía, como la solar, eólica o biomasa, y facilitar su integración al sistema energético nacional.
Además de fomentar la adopción de estas tecnologías, la ley introdujo conceptos clave como:
Posteriormente, la Ley 2099 de 2021 amplió este enfoque, incorporando nuevas tendencias como el hidrógeno y las comunidades energéticas, lo que refuerza el papel de la autogeneración dentro de una transición energética más amplia.
En la práctica, la autogeneración en Colombia responde a un esquema relativamente intuitivo. Una empresa instala un sistema de generación —por ejemplo, solar— que le permite producir energía en el mismo lugar donde la consume. Esa energía reduce directamente la necesidad de comprar electricidad de la red.
Cuando la generación supera el consumo, el excedente puede ser inyectado al sistema eléctrico, y dependiendo del caso, puede traducirse en créditos energéticos u otros mecanismos de compensación definidos por la regulación.
Este proceso se apoya en medidores bidireccionales que registran tanto la energía consumida como la entregada, lo que permite una gestión más precisa y transparente del flujo energético.
Sin embargo, detrás de este modelo hay una estructura técnica y regulatoria que incluye requisitos de conexión, condiciones de operación y validaciones por parte de entidades como la CREG y la UPME.
Adoptar autogeneración en Colombia no solo responde a una tendencia global, sino a una decisión estratégica. Las empresas que analizan este modelo suelen encontrar oportunidades relacionadas con:
Además, el modelo permite mayor resiliencia frente a variaciones en precios de energía o cambios en la oferta del sistema.
Otro elemento clave en el crecimiento de la autogeneración en Colombia son los incentivos establecidos en la Ley 1715, diseñados para fomentar la inversión en energía renovable y eficiencia energética.
Entre ellos se encuentran beneficios tributarios y financieros como deducciones, exclusiones de IVA, exenciones arancelarias y esquemas de depreciación acelerada. No obstante, el acceso a estos incentivos implica cumplir con procesos técnicos y regulatorios específicos, incluyendo certificaciones y evaluación de proyectos.
En este sentido, es importante entender que estos beneficios representan oportunidades importantes, pero su aplicación depende de las características particulares de cada proyecto.
Aunque la autogeneración en Colombia ofrece ventajas claras, su implementación requiere un análisis detallado. Factores como la viabilidad técnica, el dimensionamiento del sistema, la conexión a red y el cumplimiento normativo son determinantes para estructurar un proyecto sólido.
Por esta razón, el proceso suele involucrar diferentes etapas, desde el diagnóstico inicial hasta la puesta en marcha y el seguimiento operativo.
En este contexto, acompañar a las organizaciones en el desarrollo de proyectos de autogeneración en Colombia implica mucho más que un análisis técnico.
Desde nuestra experiencia, apoyamos a las empresas en la identificación de oportunidades, la evaluación del marco regulatorio y la estructuración de proyectos energéticos alineados con sus objetivos.
Este acompañamiento busca aportar claridad en un entorno regulado y en constante evolución, ayudando a que cada organización tome decisiones informadas de acuerdo con sus necesidades y condiciones específicas. Es importante señalar que los resultados pueden variar según múltiples factores, incluyendo aspectos técnicos, financieros y regulatorios propios de cada caso.
La autogeneración en Colombia se posiciona como una herramienta clave dentro del proceso de transformación del sistema energético. Su desarrollo, impulsado por la Ley 1715, ha abierto nuevas posibilidades para que las empresas participen activamente en la generación y gestión de la energía.
A medida que el país avanza hacia un modelo más sostenible y descentralizado, entender cómo funciona la autogeneración y cómo incorporarla estratégicamente será fundamental para aprovechar su potencial de manera efectiva

La gestión de proyectos I+D+i en Perú se ha convertido en uno de los principales retos para las empresas que buscan innovar y mejorar su competitividad. En los últimos años, el interés por la investigación, desarrollo e innovación ha crecido de forma sostenida, impulsado tanto por la necesidad de diferenciarse como por incentivos como el beneficio tributario de la Ley 30309. Sin embargo, a pesar de este avance, una gran parte de los proyectos no logra consolidarse ni generar el impacto esperado.
Contrario a lo que muchas organizaciones suponen, el problema no radica en la falta de tecnología, capacidades técnicas o talento especializado. De hecho, numerosas empresas ya desarrollan actividades que cumplen con criterios de I+D+i, como automatización de procesos, desarrollo de soluciones propias o mejoras tecnológicas. El verdadero obstáculo está en cómo estas iniciativas se gestionan, estructuran y alinean con los objetivos estratégicos del negocio.
Uno de los principales desafíos en la gestión de proyectos I+D+i en Perú es la ausencia de una planificación clara. Muchas organizaciones inician proyectos sin definir correctamente su alcance, objetivos medibles o indicadores de éxito. Esto genera una desconexión entre el esfuerzo técnico y los resultados empresariales, dificultando su sostenibilidad en el tiempo. Sin una visión estructurada, la innovación suele quedarse en iniciativas aisladas que no escalan ni generan valor tangible.
Otro factor crítico es la falta de integración entre áreas, en muchos casos, los proyectos de I+D+i se desarrollan exclusivamente desde equipos técnicos, sin una articulación adecuada con áreas financieras, estratégicas o de negocio. Esta desconexión impide evaluar correctamente el impacto económico de las iniciativas y limita la capacidad de tomar decisiones informadas. En consecuencia, los proyectos pierden relevancia dentro de la organización y no logran posicionarse como una prioridad estratégica.

A esto se suma una debilidad en la gestión de procesos y documentación. En el contexto peruano, donde existen beneficios tributarios asociados a la I+D+i, la trazabilidad y el sustento técnico son elementos clave. Sin una correcta documentación, las empresas no solo reducen sus probabilidades de éxito, sino que también desaprovechan oportunidades de optimización financiera. En este sentido, la gestión deja de ser solo operativa y pasa a ser un componente estratégico.
Asimismo, muchas empresas enfrentan dificultades en la gestión del riesgo, los proyectos de I+D+i, por naturaleza, implican incertidumbre técnica y la necesidad de experimentar. Sin embargo, cuando esta incertidumbre no se gestiona adecuadamente, puede generar aversión al riesgo o abandono prematuro de iniciativas con alto potencial. La diferencia no está en evitar el riesgo, sino en estructurarlo y gestionarlo de forma inteligente.
La gestión de proyectos I+D+i en Perú también se ve afectada por la falta de seguimiento y control. La ausencia de mecanismos para evaluar avances, ajustar estrategias y medir resultados provoca que los proyectos pierdan dirección. Esto limita su capacidad de generar aprendizaje organizacional y reduce el retorno esperado de la inversión en innovación.
En este contexto, queda claro que el éxito de la I+D+i no depende únicamente del conocimiento técnico, sino de la capacidad de gestionarlo como parte integral de la estrategia empresarial. Las organizaciones que logran estructurar adecuadamente sus proyectos, integrar áreas clave y alinear sus iniciativas con objetivos financieros son las que consiguen transformar la innovación en una ventaja competitiva real.

La I+D+i en Perú viene ganando mayor relevancia dentro de las decisiones estratégicas empresariales. Sin embargo, a diferencia de otros tipos de inversión, los proyectos de investigación, desarrollo e innovación implican niveles más altos de incertidumbre, uso intensivo de recursos y una necesidad creciente de trazabilidad. En este escenario, el rol del gerente es determinante para evaluar si una iniciativa realmente generará valor o si se convertirá en un esfuerzo aislado sin impacto sostenible.
Antes de aprobar un proyecto de este tipo, es fundamental que el liderazgo empresarial se plantee preguntas clave que permitan analizar tanto su viabilidad como su alineación con la estrategia del negocio.
Una de las primeras preguntas que debe hacerse es si el proyecto está alineado con los objetivos estratégicos de la empresa. En el contexto de la I+D+i en Perú, muchas iniciativas fallan porque se desarrollan de manera desconectada del core del negocio. Un proyecto innovador debe responder a un desafío real de la organización o a una oportunidad concreta del mercado, contribuyendo directamente a la competitividad.
También es importante cuestionar el nivel de incertidumbre que implica el proyecto y si la empresa está preparada para gestionarlo. La innovación no garantiza resultados inmediatos, por lo que el gerente debe evaluar si existen procesos internos capaces de dar seguimiento, medir avances y tomar decisiones en función del aprendizaje continuo.
Otra pregunta clave está relacionada con los recursos disponibles, no se trata solo de presupuesto, sino de talento, tiempo y capacidades internas. Las empresas que avanzan en I+D+i en Perú han entendido que contar con equipos multidisciplinarios y con una estructura organizacional clara es tan importante como la inversión económica. Sin estos elementos, es difícil sostener proyectos en el tiempo.
Asimismo, resulta fundamental analizar cómo se medirá el éxito del proyecto. Definir indicadores desde el inicio permite tener claridad sobre los resultados esperados y facilita la toma de decisiones durante la ejecución. En este punto, el gerente también debe preguntarse si el proyecto cuenta con mecanismos de trazabilidad adecuados, un aspecto cada vez más relevante en el ecosistema peruano, especialmente cuando se busca acceder a beneficios o incentivos asociados a la innovación.
La posibilidad de articulación con el ecosistema es otra variable que no debería pasarse por alto. En Perú, existen universidades, centros de investigación y programas públicos que pueden complementar las capacidades de la empresa. Evaluar si el proyecto puede apoyarse en estas alianzas puede marcar la diferencia en términos de acceso a conocimiento, financiamiento y reducción de riesgos.
Por otro lado, el gerente debe considerar si la organización tiene la capacidad de aprender del proceso. En la I+D+i en Perú, el aprendizaje continuo es un activo clave. Incluso cuando los resultados no son los esperados, los proyectos pueden generar conocimiento valioso que fortalezca futuras iniciativas.
Finalmente, es necesario preguntarse si el proyecto tiene potencial de generar valor en el mediano y largo plazo. Más allá de los beneficios inmediatos, las empresas que están consolidando su estrategia de innovación son aquellas que logran convertir sus proyectos en ventajas competitivas sostenibles.
En conclusión, aprobar un proyecto de I+D+i en Perú no debe ser una decisión basada únicamente en la intuición o en la oportunidad del momento. Requiere un análisis estructurado, basado en preguntas estratégicas que permitan evaluar su impacto real en el negocio. Los gerentes que adoptan este enfoque no solo reducen riesgos, sino que también incrementan las probabilidades de éxito y contribuyen al desarrollo de una cultura de innovación sólida y sostenible.

La I+D+i en Perú se ha convertido en un factor clave para el crecimiento empresarial en los últimos años. En el contexto empresarial peruano, la innovación ya no es exclusiva de compañías altamente tecnológicas, pero ¿Cómo impulsar la I+D+i en Perú?
En el contexto empresarial peruano, la innovación ya no es exclusiva de compañías altamente tecnológicas. Cada vez más organizaciones, de distintos sectores, están apostando por la investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) como un motor de crecimiento. Sin embargo, lo que realmente marca la diferencia no es solo la tecnología disponible, sino las capacidades internas que desarrollan para sostener este tipo de iniciativas en el tiempo.
Hoy, las empresas que logran avances reales en I+D+i en Perú comparten un denominador común: han fortalecido su estructura organizacional y su capacidad de gestión, permitiéndoles transformar ideas en proyectos concretos y sostenibles.
Uno de los principales aspectos que están desarrollando es la gestión estratégica de la innovación. Esto implica integrar la I+D+i dentro de los objetivos del negocio, alineando los proyectos con la visión de crecimiento de la empresa. Ya no se trata de innovar de manera aislada, sino de convertir la innovación en un proceso estructurado y con impacto directo en la competitividad.
Asimismo, la gestión de proyectos se ha vuelto una capacidad clave. Las empresas peruanas están aprendiendo a planificar, ejecutar y dar seguimiento a iniciativas de innovación bajo metodologías más claras, con indicadores definidos y control de avances. Esto les permite minimizar riesgos y optimizar recursos, aspectos fundamentales en un entorno donde la inversión debe ser cuidadosamente gestionada.
Otro factor relevante es el fortalecimiento del talento interno. Las organizaciones que destacan en I+D+i están invirtiendo en desarrollar equipos con habilidades multidisciplinarias, capaces de combinar conocimiento técnico con visión de negocio. Además, fomentan una cultura organizacional que promueve la creatividad, la colaboración y la mejora continua, elementos indispensables para innovar de manera sostenida.
La articulación con el ecosistema también está cobrando mayor importancia, muchas empresas en Perú están estableciendo vínculos con universidades, centros de investigación y entidades públicas, lo que les permite acceder a conocimiento especializado, financiamiento y oportunidades de colaboración. Este enfoque colaborativo reduce brechas y acelera los procesos de innovación.
Por otro lado, la capacidad de adaptación y aprendizaje continuo se ha convertido en un activo estratégico. Las empresas que apuestan por la I+D+i entienden que no todos los proyectos tendrán éxito inmediato, pero ven cada iniciativa como una oportunidad de aprendizaje que fortalece su madurez innovadora.
Finalmente, la gestión adecuada de recursos y financiamiento es una capacidad que viene ganando relevancia. Las compañías están cada vez más informadas sobre beneficios e incentivos disponibles en el país, lo que les permite hacer más eficientes sus inversiones en innovación y mejorar el retorno de estos proyectos.
En síntesis, el avance de la I+D+i en Perú no responde únicamente a la incorporación de nuevas tecnologías, sino, sobre todo, a la manera en que las empresas se organizan, gestionan sus procesos y desarrollan capacidades internas que les permiten sostener la innovación en el tiempo. En un entorno donde la incertidumbre es parte del proceso, las organizaciones que logran diferenciarse son aquellas que adoptan un enfoque más estructurado, integrando la innovación dentro de su estrategia empresarial.
Esto implica no solo contar con recursos, sino también con una cultura organizacional orientada al aprendizaje continuo, la colaboración y la mejora constante. Las empresas que entienden la innovación como un proceso estratégico —y no como iniciativas aisladas— son las que logran articular mejor sus equipos, optimizar sus inversiones y generar resultados más consistentes.
Asimismo, el componente colaborativo juega un rol cada vez más relevante. La articulación con actores del ecosistema, como universidades, centros de investigación o entidades públicas, permite complementar capacidades y acelerar el desarrollo de soluciones. En este contexto, la innovación deja de ser un esfuerzo individual para convertirse en un proceso compartido que genera mayores oportunidades de impacto.
Por ello, aquellas organizaciones que abordan la I+D+i desde una mirada integral, alineada al negocio y con una gestión adecuada, son las que están logrando consolidarse en el mercado. Estas empresas no solo impulsan proyectos innovadores, sino que también construyen ventajas competitivas sostenibles, fortalecen su posicionamiento y generan valor en el largo plazo.

No todas las empresas que quieren innovar están realmente preparadas para estructurar un proyecto de I+D+i. En la práctica, el éxito de estos proyectos no depende solo de tener una buena idea, sino del nivel de preparación interna de la organización para gestionar incertidumbre, asumir riesgos y sostener procesos de desarrollo más complejos que la operación diaria.
Una señal clara de preparación es cuando la empresa enfrenta un desafío técnico real cuya solución no es evidente ni está disponible directamente en el mercado. A esto se suma la existencia de equipos internos involucrados, con capacidad para dedicar tiempo al proyecto, documentar avances y participar activamente en la toma de decisiones técnicas. No es necesario contar con un área formal de I+D, pero sí con personas que puedan liderar y sostener el proceso.
Otro factor clave es el respaldo desde la gestión. Los proyectos de I+D+i requieren visión de mediano y largo plazo, flexibilidad frente a resultados inciertos y coherencia con la estrategia del negocio. Cuando la dirección entiende que no todo el esfuerzo se traduce en resultados inmediatos, la empresa demuestra una madurez fundamental para avanzar.
Este tipo de diagnóstico es especialmente relevante para empresas medianas y grandes. Identificar si se está realmente listo para estructurar un proyecto de I+D+i permite decidir mejor cuándo postular, cómo hacerlo y con qué expectativas. No todas las empresas deben postular hoy, pero las que reconocen a tiempo su nivel de preparación parten con una ventaja decisiva…

En Chile, muchas empresas están convencidas de que están innovando. Y, en muchos casos, tienen razón: están optimizando procesos, incorporando tecnología, mejorando resultados. El problema aparece cuando esas iniciativas se presentan como proyectos de I+D+i ante entidades como CORFO o para acceder al incentivo tributario, y no logran pasar la validación.
Esta confusión es mucho más común de lo que parece. De hecho, es una de las principales razones por las que proyectos técnicamente bien ejecutados son rechazados. No porque sean malos, sino porque en realidad corresponden a mejoras operacionales y no a proyectos de Investigación, Desarrollo e Innovación según la definición formal que se utiliza en Chile. Entender esta diferencia antes de postular no solo evita rechazos, también permite una mejor segmentación y un uso más eficiente del tiempo y los recursos.
Una mejora operacional busca hacer más eficiente algo que la empresa ya sabe hacer. Puede implicar automatización, optimización de costos, reducción de tiempos o adopción de tecnologías existentes. Son iniciativas necesarias y valiosas para la operación, pero no implican una generación de conocimiento nuevo ni un desafío técnico relevante. En general, el resultado está bastante claro desde el inicio y hay soluciones disponibles en el mercado que ya han sido probadas.
Por ejemplo, digitalizar un proceso manual usando un software existente, adaptar una herramienta conocida a la realidad de la empresa o mejorar un flujo productivo para hacerlo más rápido o más barato. Aunque el impacto interno pueda ser alto, este tipo de iniciativas no califican como I+D+i para efectos de CORFO o del incentivo tributario.
Un proyecto de I+D+i es distinto porque parte desde la incertidumbre. No se sabe con certeza si la solución va a funcionar ni cómo se va a llegar a ella. Existe un desafío técnico o tecnológico relevante, y el proyecto busca generar conocimiento nuevo o significativamente mejorado. No se trata solo de aplicar lo que ya existe, sino de desarrollar algo que no está disponible en el mercado tal como se necesita.
Además, la I+D+i implica un proceso sistemático: formulación de hipótesis, experimentación, pruebas, iteraciones, errores y aprendizajes documentados, el foco no está solo en el resultado comercial, sino en el camino técnico que se recorre para llegar a él. Ejemplos típicos de estos proyectos son el desarrollo de un nuevo producto o tecnología, la creación de modelos o algoritmos propios, o la investigación aplicada para resolver un problema que no tiene una solución clara conocida.
Uno de los errores más frecuentes en las postulaciones es pensar que basta con que el proyecto sea “nuevo para la empresa”. Sin embargo, los evaluadores analizan la novedad desde un punto de vista técnico y tecnológico, no interno. También es habitual que el relato se centre casi exclusivamente en el impacto económico, dejando de lado la explicación del desafío técnico y de la incertidumbre asociada, que es justamente lo que más pesa en la evaluación.
Por eso esta distinción importa tanto, cuando una mejora operacional se presenta como I+D+i, el proyecto suele ser cuestionado rápidamente y termina rechazado. En cambio, cuando una empresa entiende bien qué tipo de proyecto tiene entre manos, puede decidir si postular, ajustar el enfoque o incluso separar fases operacionales de fases reales de investigación y desarrollo.
Antes de postular, es clave contar con una evaluación experta que permita determinar si el proyecto califica como I+D+i y cómo debe ser planteado. Muchas veces, pequeños cambios en la formulación o en el alcance hacen una diferencia enorme en el resultado final.
Nuestro trabajo se centra justamente en eso: acompañar a las empresas en la definición, validación y estructuración de proyectos de I+D+i en Chile. No promovemos postulaciones innecesarias, sino proyectos bien enfocados, con relato técnico sólido y alineados con los criterios de evaluación.
Si estás evaluando una idea y no tienes claro si es una mejora operacional o un proyecto de I+D+i, lo mejor es revisarlo antes de postular. Postular bien, en el momento correcto y con el enfoque adecuado, marca toda la diferencia.

La convocatoria Desafíos de Innovación para el Desarrollo Regional 2026 – 01 está diseñada para impulsar proyectos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) que fortalezcan las cadenas de valor y promuevan la diversificación productiva en el país. Su objetivo general es contribuir al incremento de la competitividad mediante la incorporación de conocimiento y la adaptación tecnológica en procesos productivos, asegurando que las soluciones sean escalables y de valor estratégico.
Las propuestas que se presenten deberán estar enmarcadas en las áreas del conocimiento definidas por la OCDE y enfocarse en brindar soluciones tecnológicas e innovadoras a necesidades priorizadas. Esto incluye sectores estratégicos como la agroindustria, las energías renovables, la biotecnología y la industria 4.0, todos ellos fundamentales para el desarrollo sostenible y la transformación regional.
La convocatoria no solo busca generar conocimiento, sino también fomentar la articulación entre universidades, centros de investigación, empresas y gobiernos regionales. En ediciones anteriores, más del 60% de los proyectos financiados lograron transferencias tecnológicas aplicadas directamente en sectores productivos, lo que demuestra el impacto real de estas iniciativas.
*Accede al enlace oficial de la convocatoria y comienza tu proceso de inscripción: Convocatoria Desafíos de Innovación 2026 – 01

La convocatoria Innova Alta Tecnología 2026 de CORFO, abierta entre el 10 de febrero y el 14 de abril de 2026, es una de las oportunidades más potentes para empresas que desarrollan tecnologías intensivas en I+D, enfrentan alta incertidumbre técnica y buscan escalar soluciones con impacto nacional o global.
Este programa financia proyectos que superan el TRL 3, es decir, tecnologías que ya han demostrado viabilidad inicial y necesitan avanzar hacia etapas de desarrollo experimental, validación avanzada y escalamiento. Es el tipo de financiamiento ideal para organizaciones que están apostando por innovación de frontera y requieren respaldo para acelerar su desarrollo tecnológico.
Innova Alta Tecnología permite financiar hasta $1.000.000.000 por proyecto, con porcentajes de cofinanciamiento diferenciados según el tamaño de la empresa:
Los proyectos pueden ejecutarse entre 48 y 60 meses, dando espacio suficiente para realizar investigación aplicada, pruebas complejas, iteraciones tecnológicas y validaciones en entornos reales.
Este instrumento está dirigido a personas jurídicas constituidas en Chile con capacidad técnica para desarrollar soluciones avanzadas y escalables, en cualquier región del país.
Porque está diseñado para organizaciones que no solo innovan, sino que buscan llevar su tecnología al siguiente nivel. Innova Alta Tecnología es especialmente relevante si tu empresa:
La formulación de proyectos intensivos en I+D requiere precisión técnica, narrativa estratégica y una arquitectura de proyecto capaz de demostrar impacto, riesgo tecnológico y escalabilidad. Por eso, el apoyo especializado puede marcar la diferencia entre una postulación promedio y una propuesta realmente competitiva.
En FI Group, con más de 25 años impulsando innovación tecnológica en múltiples industrias, acompañamos a las empresas en todo el proceso: desde la identificación de la elegibilidad y el potencial del proyecto, hasta la estructuración técnica y la definición del TRL adecuado. También diseñamos el plan de I+D y el modelo de escalamiento, y elaboramos una narrativa sólida orientada a cumplir con los criterios de CORFO.
Conoce más de la convocatoria: Innova Alta Tecnología – CORFO